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Marcos Domínguez – @zoncerasabiertas
Brasil ofrece un espejo posible de nuestra realidad local. Lula resiste mejor en las grandes ciudades, pero pierde terreno en el interior y en zonas del agro. Su hemorragia se ve nítidamente desagregada por ingreso, religión y raza. Y lo que es más relevante: Bolsonaro crece donde Lula retrocede.
Así cambió el voto entre 2022 y 2026. En total, 5.498 municipios se movieron hacia Flávio y 57 hacia Lula.
Fuente: Daniel Stcheingart
El abstencionismo también circula en Brasil y ronda el 20%. Como en Argentina, hay brasileros que polarizan con la polarización, absteniéndose.
Hace años decimos que el progresismo, terminal ideológica que nutre mas capas dirigenciales de las que están dispuestas a confesarlo, tiene un problema epistemológico para comprender eso que llama “derechas”: las explica por sus efectos, pero queda ciego ante las causas sociales que les dan sustento. Las banderas regaladas están allí: orden, seguridad, mérito, trabajo, esfuerzo.
Otra vez aparece un límite al cotillón del temor a “la vuelta de la derecha” como fundamento principal de persuasión. Pero los escurridizos votantes parecen actuar contrariando toda moralina y votan para que le resuelvan dos problemas demasiado triviales para el progresismo: economía y seguridad. Spoiler 1: mañana la progresía argentina que va a las playas de Brasil a tilinguear nos señalará el culpable de este resultado: el “evangelismo”.
Seguridad. Esa palabra envenenada; criptonita para el lenguaje muerto de un peronismo gestual, estético; todavía convaleciente, que sostiene con el sentido común una discordia casi teológica: cuando la realidad insiste, suele sospechar de la realidad. Spoiler 2: explicar las causas del delito no reemplaza la obligación de gobernarlo.
Milei, el más ideologista entre los ideologistas, tampoco tiene demasiado para festejar: comparte con Lula un problema que no se resuelve con tweets. Ninguno resolvió la inseguridad.
Para el peronismo la cosa también es lunga. Mientras siga abordando la cuestión con cosmetologia y la nariz tapada, reduciéndola a una consecuencia técnica de la mala distribución de la riqueza, seguirá sin resolver la seguridad y, al mismo tiempo, sin animarse a reordenar las variables necesarias para volver a generar riqueza. Una curiosa forma de perder por ambos lados.
Ampliaremos.

Fuente: Poliedro Data
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