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Carlos Pagni, comandante en jefe del postkirchnerismo e intelectual orgánico de la crítica al mileísmo por sus procedimientos y sus estéticas más que por sus políticas, dijo en su editorial del 28 de septiembre que el gobierno miente con los números. No es menor. Y alcanza con mirar comercios, pluriempleo, o las enormes filas para dejar un CV.
Esta misma semana el Presidente volvió a decir que “los indicadores están arrojando cualquier cosa”, que la caída del consumo “es falsa”, que los datos desestacionalizados “miden mal”. Prefiere un indicador propio, el tendencia-ciclo, que le devuelve niveles máximos de PBI, de exportaciones, de consumo, cuatro años seguidos de crecimiento por delante. JP Morgan proyecta, para el mismo trimestre, una contracción anualizada del 4%. El INDEC registra desempleo en alza, actividad en baja, pobreza en aumento. Los números que “miden mal” tienen, además, una desagradable precisión: el PBI cayó 0,6% desestacionalizado en el segundo trimestre; en julio el EMAE volvió a caer 2,9% contra junio y 1,4% interanual; la desocupación llegó al 7,9%. Y el dato social quizá sea el más difícil de discutir: la pobreza, que había bajado al 28,2% en el segundo semestre de 2025, volvió al 32,3% en la primera mitad de este año, con 7,5% de indigencia.

Pero lo que me interesa señalar es que el plan Milei-Caputo cumplió el sueño más viejo de las clases dominantes locales: desarmar el Estado para aliviar la carga impositiva…¡patriotas!. Así se ganó la ovación del establishment financiero internacional, que lo trató como a un domador todavía con el león bajo control. Ahora esa ovación se evapor. El riesgo país sube, la deuda se acumula, el viaje a Nueva York que debía sellar el ingreso a las grandes ligas terminó marcando, más bien, el momento en el golem advierte que los amigos del campeón nunca existieron, porque nunca hubo campeón.
El riesgo país había perforado los 500 puntos a comienzos de septiembre y el 25 volvió a superar los 600, con una suba de alrededor de 90 puntos en el mes. Y la normalidad financiera se sostiene sobre un programa de US$20.000 millones con el FMI que ya tuvo que flexibilizar sus metas de acumulación de reservas; en mayo, al liberar otros US$1.000 millones, el propio Fondo reconocía que la Argentina había incumplido la meta de reservas y que seguían existiendo vulnerabilidades. El fantasma terrible del país condenado a repetirse una y otra vez.
Por su parte si bien en el gobierno libertario una desocupación que no luce -todavía- explosiva puede convivir, perfectamente, con el deterioro de la calidad del empleo, el cuentapropismo precario y el desaliento de quienes bajaron los brazos. El deterioro puede avanzar sin regalar una postal de 2001 en esa dimensión. Pero el saldo de estae experimento está claro: tenemos menos empleo registrado, más cuentapropismo de subsistencia y menos poder para negociar un salario. A eso se suma la pérdida de capacidad productiva. En julio, la industria cayó 4,9% interanual y 12 de sus 16 divisiones retrocedieron. Las bajas de maquinaria y equipo (26,7%), otros equipos e instrumentos (31,4%) y prendas, cuero y calzado (15,9%) describen un entramado erosionado y difícil de reconstruir.
Como observábamos ya en marzo de 2025, el presidente se mira en el espejo roto de su frágil autoestima: un economista devorado por la economía, atrapado en una casta global que lo utiliza de bufón. El sabe mejor que nadie que se puede ser líder sin ser presidente, pero no se puede ser presidente sin ser líder. Y mientras su torbellino decisionista parecía novedoso en 2024, empieza a tornarse peligroso. Ya que tomar decisiones no es una cualidad en sí misma. Hay que tomar decisiones adecuadas.
Este Milei ya no es el candidato anti sistema, sino el presidente del sistema que contiene no un “lugar”, sino un país que tiene componentes que exceden sus condiciones sociodemográficas o su historia económica. Una sociedad a la que se puede convencer en una elección con argumentos que no sirven para gobernarla. Ya lo dijo un ex funcionario del gobierno de Cambiemos cuando estaba en retirada, allá por 2019: le ganamos al peronismo, pero nos encontramos con la Argentina
En lo sucesivo, lector, veremos editoriales lúgubres y fantinescas indicando que Milei prefiere “morir con las botas puestas”; que si el pueblo no quiere sangre, sudor y lágrimas, esta condenado de la vuelta de “los mismos de siempre”. Un tipo que a los quince años tocaba heavy metal solo en su cuarto, incomprendido por todos, ahora hasta por la ¡traicionera economía!
Hasta ahora, una barrera invisible pero densa separó el argumento de la persuasión. Como mencionabamos en marzo, cualquiera que hablara en nombre «del peronismo» tenía casi vedada la posibilidad de «tener razón». Pero eso puede cambiar si la economía sigue empecinándose en hacerle el juego a los kukas.
Ampliaremos.

Fuente: Poliedro Data
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