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Renuncias -acordadas con la mesa chica- de ministros mediante, la Libertad Avanza definió dar poco margen de negociación post electoral para sus endebles pero potenciales socios. El más afectado es Mauricio Macri, que quedó con la ñata contra el vidrio demasiadas veces. Pero es un hombre con tanto tiempo y dinero que podría esperar, bastante relajado, una venganza atroz.
Si en septiembre, Milei decidió nacionalizar una elección provincial, en octubre Trump decidió internacionalizar las del próximo domingo. Todo parece indicar que el poder ejecutivo deberá abandonar su utopía anarcocapitalista y negociar un gobierno de coalición con los restos del macrismo. O papá Donald se enojaría.
El magnate naranja quiere un “oficialismo” controlable pero no un neuropsiquiátrico de aduladores dependientes de los juegos de espiritismo de la presidenta Karina. La sombra de Zelensky acecha al golem. Es que el presidente naranja no respeta a quienes se arrodillan demasiado. Y es lógico: Trump puede ser un farsante, pero no es ingenuo. Sabe que ningún poder serio sobrevive rodeado de devotos. Es que la plana mayor de la administración Trump también tomó nota de que el presidente y su círculo se enamoraron de la criatura, el “dólar estable”.
Entre el 27 de octubre y el 10 de diciembre el gobierno tendrá, quizás, una nueva fachada. Podrá sumar aliados —al calor del reparto de cargos y el cansancio con el kirchnerismo—, pero es más que seguro que no tendrá una nueva política económica. Porque, como dice mi amigo Abel Fernández, los que pueden sumarse no creen que existe otra. Y porque convencer a una mayoría electoral de sus supuestas bondades, después de este año, será como vender humo a los bomberos.
El 2027 ya se ve cuesta arriba, cualquiera sea el resultado del domingo. Sin embargo LLA sigue siendo la única marca con presencia en los 24 distritos del país. Fuerza Patria, compite en 15. La izquierda, en 22. Es que si se agrupan los votos por marca electoral, Milei —salvo catástrofe— tiene asegurado ser el candidato más votado a nivel nacional.
El fallo judicial que obliga a publicar los resultados por provincia será apenas una formalidad: cada banda mostrará los números que mejor se ajustan a su relación.
Del otro lado del tablero, el peronismo atraviesa un proceso menos ruidoso pero igual de profundo. Cambios inevitables, empujados por realidades que preceden a cualquier elección. Ocurre que el lunes 27 comienza, de hecho, la campaña presidencial de 2027: un tablero nuevo donde lo que cuente no será cuántos diputados logren cada espacio, sino quién logra rearmar un liderazgo. El libro de pases se abrirá sin pudores.
El lunes, tanto el gobierno como el peronismo estarán obligados a ejercicios coalicionales, porque con lo propio no alcanza.

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