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Tu no has ganado nada

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@zoncerasabiertas

El 7 de septiembre de 2025, con una participación superior al 63% del padrón, el resultado fue un triunfo amplio del peronismo unido bajo la alianza Fuerza Patria sobre el oficialismo nacional de La Libertad Avanza por una diferencia de 14 puntos. Este margen superó las expectativas y confirmó lo que sugeríamos: al peronismo no le iría tan mal como se merece, ni a Milei tan bien como se esperaba .

Las causas de la derrota oficialista 

El gobierno libertario sobredimensionó la importancia de esta elección local –que originalmente se presentaba como un canto a la irrelevancia fuera del círculo político– y la planteó casi como un plebiscito, con la esperanza de un golpe de efecto en territorio peronista. Horas antes, voceros de LLA habían hablado de “empate técnico” para moderar expectativas, reconociendo internamente números de caída por, según trascendía en esos momentos, 5-7 puntos. Las urnas les devolvieron un resultado bastante más adverso. 

Milei salió a admitir la “clara derrota”, haciendo un inusual mea culpa. “Sin duda, hoy tuvimos una clara derrota… hay que aceptar los resultados, que no han sido positivos ”, reconoció el Presidente en la noche electoral. En su análisis, Milei atribuyó el traspié al poderío territorial peronista, esto es, a los intendentes, que junto a los desencantados y ausentes del oficialísimo (su “voto blando”) fueron verdaderos artificios del resultado: “ellos han puesto en esta elección todo el aparato peronista que manejan hace 40 años, de manera muy eficiente” . Una novedad solo para Milei.  A esa lectura se suma la expectativa oficial previa de “superar el 40% en octubre”, enunciada como un horizonte de mínima por los voceros del gobierno. 

En general, Fuerza Patria se impuso en 6 de las 8 secciones electorales bonaerenses dándole, nada más pero nada menos, un respiro estratégico al peronismo de cara a las legislativas nacionales de octubre.

La admisión pública de la derrota del gobierno nacional y el diagnóstico sobre el ‘aparato’ abren otro problema más incómodo: quién debe corregir el rumbo y con qué equipos.

La casta marginal 

Con todo, Milei intentó mostrarse resiliente de cara a las legislativas nacionales de octubre, asegurando que el 33% obtenido en PBA es “ un piso con el que vamos a empezar a trabajar ” para remontar en la campaña nacional . No obstante, la derrota bonaerense presiona al Gobierno a repensar su estrategia de gestión en la segunda mitad del mandato. Tarea difícil para un poder ejecutivo donde tanto la mesa política como los anillos decisionales carecen de dirigentes serios y racionales; preparados. Es la “casta marginal”, los que quedaron afuera de todos los castings políticos y hoy engrosan las filas de un gobierno que era, ya de entrada, una armada brancaleone sin cuadros dirigenciales ni de gestión. 

Esa casta marginal es la que deberá atender las incertidumbres que se abren, desde la economía (sigue la tensión cambiaría y las altas tasas) hasta los escándalos recientes que minaron la imagen oficialista en plena campaña. 

¿Nuevas canciones?

A pocas horas del resultado electoral, el gobernador de Bs. As. fue depositario de análisis y calificaciones diversas. Tantos elogios desmesurados producto de que el éxito no abunda en el peronismo, como de chicanas de sus primos ricoteros del tipo “mientras más alto trepa el monitor…” , como queriendo camisetearlo

El contundente triunfo bonaerense de Fuerza Patria redefinió el escenario del peronismo. Cuando decíamos que Kicillof podía quedar “atrapado como un algodón entre dos cristales”, señalábamos su delicada posición entre la sombra de Cristina Fernández de Kirchner y la necesidad de afirmarse con perfil propio. La prueba de fuego eran estas elecciones, y la realidad validó aquel pronóstico: Kicillof rompió ese cerco, por un rato.

Esta vez el ex ministro de economía del kirchnerismo pudo salir, aunque sea provisoriamente, de un equilibrio imposible: cumplió con la norma ISO de la marca peronista conurbana (de la cual es fundadora CFK), y pudo mostrarse durante la ceremonia de festejos como su “propio jefe”. 

Sin embargo, también señalamos entonces que, pese a su rol central, Kicillof es percibido gerente como medianamente exitoso pero no dueño de la marca kirchnerista/peronista, términos cuya diferencia semántica solo le importa a un reducido grupo de personas, y todos adherentes.

Son los intendentes, estúpido

El eventual liderazgo de Kicillof solo se vuelve carne cuando encuentra músculo en el territorio . Y en Buenos Aires el músculo se llama intendentes : los que prueban si la novedad se transforma en voto, si la marca llega casa por casa y si el experimento resiste fuera del panel. Los que, como decía García Márquez, apuestan a salvar la ropa, aunque se pierdan algunos muebles. Y es que en un clima de apatía, la representatividad de los líderes municipales es el último bastión relativamente sano del vínculo entre ciudadanía y política. Desde ese engranaje empieza a ordenarse el resto.

En 85 de los 135 municipios ganó la alianza respaldada por el intendente de turno. Los jefes comunales pusieron toda su estructura a movilizar votantes (muchos literalmente se “pusieron la campaña al hombro” al ser ellos mismos candidatos a legisladores).

Los próximos movimientos, tanto del oficialismo de Milei (ahora a la defensiva) como del peronismo (olvidando sangre y unidad), estarán definidos por lo ocurrido en territorio bonaerense

Ese reposicionamiento opositor convive con un oficialismo que pierde crédito. La derrota libertaria todavía no es un baño en la fuente de la juventud para la oposición. Pero existe, sin duda, un corrimiento del umbral de tolerancia.

No has ganado nada

El gobierno de Milei está revestido por una fe de dudosa religiosidad. Y en estas elecciones llegó a su techo emocional : se deterioró la esperanza de un futuro mejor. Se «eligió creer» en que «se hizo lo que había que hacer», pero ya no tanto en que con eso se puede llenar la heladera . El gobierno se mimetizó demasiado con aquello que supuestamente venía a combatir, y ahora padece de la misma endogamia y habita el mismo repliegue del mundo político sobre sí mismo, que amplía aceleradamente los rangos de distancia con “ el afuera ”.

En ese vacío, cualquier chispa acelera la erosión —audiogate y afines— y vuelve nítida la distinción que venimos mencionando: macro ordenada sin macro tangible no cotiza. De aquí a octubre, el umbral de tolerancia condicional a sacrificios sin “parte buena” se achica semana a semana.

Sin embargo, para el peronismo conviene no confundir espanto con amor: fue, sobre todo, voto defensivo, no reconciliación ni amnistía. Fue, como dijimos, un evento de castigo al oficialismo más que un premio a la oposición

A esto se suma la música de fondo del sistema. Como en los años 90, donde a Menem no se le objetaba la depresión salarial ni la estafa de la convertibilidad, sino la “prolijidad institucional”; fuegos artificiales que derivaban siempre en corrupción, amplificados por el progresismo irreverente y cool de CQC, Página/12 o Día D. 

Nada garantiza que el peronismo u otra fuerza estén listos para recoger los pedazos de un eventual fracaso libertario: la supervivencia dependerá de reconstruir puentes con la Argentina del tercer tercio y de aggiornarse doctrinaria y organizacionalmente. Sino, se repetirá la secuencia post-Alianza: “Aprobamos la economía con Menem, ahora avanzamos hacia la prosperidad institucional” , como sentenciaba Mariano Grondona.

El peronismo deberá volverse útil otra vez en la vida concreta de los argentinos, no solo en la de los dirigentes; y le quedan menos de dos años para llegar a 2027 siendo mejor de lo que es.

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