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Por Sebastián Reinaga
Una cobertura particular de la Copa del Mundo
El nuevo capítulo majestuoso de la carrera de Lionel Messi, no nubló el raciocinio de Roberto. Nuestro cronista estelar celebró la victoria y la clasificación, pero, consustanciado con su rol de analista, apuntó algunas cosas no tan positivas del seleccionado pensando en lo que viene. Además, se preguntó: ¿El que viene a los mundiales es Lautaro Martínez o un doble de mala calidad?
22 de junio – Dallas (Estados Unidos)
La mejor arma es conocer al rival
Las más de doce horas de viaje en autobús desde Kansas hasta Dallas fueron utilizadas por Roberto, Matías y Josué -que oficializó su ingreso oficial al grupo luego de la primera victoria- para analizar las virtudes y debilidades de Austria, segundo rival de los dirigidos por Lionel Scaloni. El caudal de los datos conseguidos fue suministrado nuevamente por Gerardo y Angélica, a través de una clase virtual. Los especialistas madariaguenses actualizaron la información brindada durante la primera clase para que no ocurra lo mismo que en el debut donde Ryan Mahrez, apuntado como figura del equipo angelino, ingresó en el segundo tiempo y no tuvo protagonismo en el partido.
Según señalaron Gerardo y Angélica, el equipo europeo tuvo un debut auspicioso y superó con facilidad a un débil Jordania, por 3-1. “El principal sello del equipo es el de su entrenador. Ralf Rangnick, uno de los técnicos más asociados al concepto de presión alta y recuperación inmediata. El mister construyó una selección agresiva, compacta y con mucha energía para jugar lejos de su propio arco”, apuntó Gerardo.
Por su lado, Angélica aportó: “La primera fortaleza está en la mitad de la cancha, donde aparecen futbolistas con recorrido de élite como Marcel Sabitzer, Konrad Laimer, Xaver Schlager y Nicolas Seiwald”.
“Sabitzer es uno de los nombres más importantes:tiene llegada al área, remate de media distancia, manejo de pelota parada y experiencia en partidos de máxima exigencia. Laimer, por su parte, aporta despliegue, presión, recuperación y capacidad para saltar sobre los mediocampistas rivales, una virtud clave para intentar incomodar la salida argentina”, concluyó la madre de Matías.
Y Gerardo, aclaró, para no repetir errores, que una de las principales fortalezas de la delantera Marko Arnautovic, el futbolista con más presencias en la historia de su selección, no será de la partida y que el ataque estará ocupado por dos jugadores que no deben ser descuidados: Romano Schmid, autor del primer gol de Austria en el Mundial con un gran remate desde afuera del área, y Christoph Baumgartner, un mediapunta con dinámica y técnica, agresivo para atacar espacios y con buen timing para llegar al área.
—A toda está información sólo le falta que en la defensa estará David Alaba, jugador de nada más y nada menos que del Real Madrid y ex Bayer Munich. —señaló Josué.
—Apa, pero al final estos austríacos tienen flor de equipo, che. Mirá si perdemos y el yeta soy yo. —dijo Matías.
Roberto miró a sus compañeros con un gesto de extraña tranquilidad, deseo poder fumarse un cigarrillo, pero no le quedó otra que reemplazar el tabaco por caramelos. Y con un dejo de suficiencia se pronunció al respecto.
—Estén tranquilos, nosotros tenemos un arma que ellos ni los demás equipos tienen, Lionel Messi.
Una batalla física
Como un guiño del destino, Roberto presenció el encuentro junto a sus amigos detrás del arco que en el primer tiempo fue ocupado por el arquero rival, al igual que en el partido inaugural.
—Este arquero no tiene máscara, no será tan fácil vencerlo —le comentó Roberto a sus amigos. Deslizando así lo que consideró el primer punto a tener en cuenta.
—Pero capaz no tiene manos, je —bromeó Matías.
Y para el autoestima de Roberto, los hechos le vienen dando la razón con creces porque a los siete minutos el árbitro Amin Mohamed Omar sancionó la falta de los defensores austríacos contra Lautaro Martínez y pitó penal. Lionel Messi agarró la pelota y se paró frente al guardameta, que en la previa había declarado que admiraba más a Cristiano Ronaldo, y no le bastó con esa mojada de oreja: antes de que el rosarino ejecute la pena máxima le gritaba con la intención de distraerlo. Lamentablemente lo logró: para alegría de Alexander Schlager y sus compañeros el tiro se fue ancho, a metros del poste izquierdo. El gesto de incredulidad de Messi fue el mismo que tuvieron Roberto, Matías y Josué, y los miles de argentinos que estaban en las tribunas.
—Esto arrancó torcido, si quieren me voy, tal vez sea yo la causa de todos los males —se apuró a decir Matías.
—Tranquilos, Messi volverá mejor después de esto —sentenció Roberto, con un tono de seguridad que contagió a Josué.
—Así es Rober, hay que confiar, tenemos al mejor.
Pero los minutos que vinieron después del penal malogrado no trajeron tranquilidad. Tal como habían anticipado Gerardo y Angélica, el equipo europeo propuso un duelo muy físico y ejecutó a la perfección una presión asfixiante sobre los argentinos y logró así, por momentos, hacerse dueño del balón.
—¿De dónde salieron estos robots? —preguntó Matías.
Sin embargo, pese al clima adverso para los argentinos que circulaba en el Dallas Estadium, El Diez se las ingenió para aparecer y avisar que estando él en cancha no hay manera de que los rivales estén tranquilos. Y el momento mágico, al que nos tiene acostumbrado desde hace más de veinte años, apareció a los 30 minutos de la primera parte. Una rápida salida de la Argentina derivó en Facundo Medina, que tiró el centro atrás, Thiago Almada vio venir el balón en un vértice del área y se abrió de piernas para dejarla pasar porque sabía que detrás venía él, como un potro herido y con sed de venganza por haber malogrado el penal. Lio abrió el pie para mandarla al fondo de la red y derrotar al pendenciero guardameta austríaco, que como tantos otros, se resignó a ser testigo privilegiado y víctima principal de otra obra de arte de quien a esa altura se convertía en el máximo goleador de los mundiales.
Roberto hizo una mueca como diciendo “yo se los dije” y esperó el reconocimiento y las felicitaciones de sus amigos por su nueva predicción. Pero Matías y Josué gritaron el gol y se abrazaron a dos mujeres rosarinas que habían conocido unos minutos antes.
—Ahora le metemos tres —pronosticó Matías, mientras seguía abrazado a una de las mujeres.
El primer tiempo continuó con la misma fricción y paridad. En el entretiempo, Roberto comió un par de caramelos como cábala, emulando a lo que hacen De Paul y Paredes en la previa de los partidos, y anotó en su libreta a Marcel Sabitzer como el jugador austríaco más peligroso, tal como le habían adelantado Gerardo y Angélica.
La segunda parte no pareció traer buenos augurios para los nuestros. Roberto apuntó en su libreta un síntoma del seleccionado que había notado en el partido anterior y que continuaba en este: la cesión de la posesión del balón al rival. ¿Cómo puede ser que nos despojemos de nuestra principal arma?, se preguntó ansioso.
Y a los quince minutos de la etapa final, luego de que el Cuti Romero saliera lesionado, Sabitzer, el apuntado, ejecutó un tiro libre que fue una amenaza cierta contra el arco del Dibu Martínez. Pero el arquero no falló y despejó el peligro. Roberto anotó la incidencia con gesto de preocupación.
Los cambios de Scaloni trajeron algo de alivio, pero no el suficiente para el cronista. Nico González perdió un mano a mano, como le suele pasar en la Selección, y cuando el partido empezaba a morirse, Patrick Wimmer conectó un centro de cabeza que pasó muy cerca del palo del Dibu Martínez.
—Los austríacos están vendiendo cara la derrota —gritó Roberto. Pero sus palabras se perdieron en la inmensidad del estadio, porque Josué y Matías habían desaparecido junto a las mujeres rosarinas.
Un par de minutos después vino el broche de oro. Se produjo una nueva aparición letal de Lionel, que paró la pelota en el área chica como los que saben e intentó en una primera instancia vencer al arquero austríaco, pero el rubio no estaba solo y un defensor consiguió despejar el peligro. Sin embargo, el hambre de gloria de Messi no se detiene ante nada y ante nadie, y consiguió llegar al rebote antes que el rival y estampó el 2 a 0 y desató la locura de los argentinos, los que estaban presentes en la cancha y los que a miles de kilómetros lo seguían por televisión.
Roberto alzó las manos al cielo y un sentimiento extraño lo invadió: deseó tener a su padre a su lado para abrazarlo, y un par de lágrimas le brotaron. Se las limpió y miró para todos lados, pero nadie estaba pendiente de él. Cuando la efervescencia se fue disipando, en su libreta anotó: “La imperecedera magia de Messi fue uno de los pocos argumentos que Argentina mostró para ganar el partido”.
Un regreso solitario
Roberto tuvo que emprender el regreso a Kansas en soledad, situación que no le disgustó. No volvió a ver a Matías y a Josué. Sólo recibió un escueto mensaje de su peluquero: “No te preocupes por nosotros, Rober, estamos en buenas manos, je”. Roberto estaba más que satisfecho con sus nuevos aciertos y dedicó la mitad del viaje a dormir y la otra mitad a pensar en el próximo partido. Se dio cuenta, entonces, que se había consustanciado con su rol de cronista y apuntó algunas cosas en su libreta.
● Más allá de las luces que arroja Messi, el equipo sólo ha tenido actuaciones poco más que regulares ante rivales de tercer nivel.
● El medio campo es el principal problema, se los nota incómodos a De Paul, Mac Allister y a Enzo Fernández con su lugar en el campo. Hay poca presión y mucha cesión de la pelota al rival. ¿Es tiempo de Paredes?
● Al estar ya clasificados, el próximo partido contra Jordania es una buena oportunidad para probar variantes: Además del cinco de Boca, Nico Paz, Valentín Barco y el Flaco López pueden subsanar alguno de los inconvenientes que tiene el equipo en su funcionamiento.
● ¿Qué le pasa a Lautaro Martínez? ¿Es el mismo que es figura en Inter o a los mundiales viene un doble de mala calidad?
Una vez que plasmó sus reflexiones en su libreta que luego transformaría en un artículo para publicar en los medios madariaguenses, Roberto cerró los ojos y cayó en un sueño profundo. Soñó con su padre y lo novedoso es que no fue una pesadilla. En el sueño estaban en su casa, tomando mate en la cocina, frente a frente. El padre se mantenía callado, sólo hacía el típico chasquido con la boca y lo miraba fijo, hasta que en un momento rompió el silencio y sentenció: “Fue una mala decisión de Scaloni la de no llevar a Emiliano Buendía, alguien que lleva consigo ese apellido hubiera contagiado de un necesario optimismo al resto”.

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